2.13.2012

El acercamiento a Pleonasmo Chief

Las dos primeras cualificaciones válidas para Fresy Cool no me pertenecen, pero las apunto: «es una combinación algo incómoda» y «a game with shifting mirrors». Me sirven de introducción, pienso, y las dejo. Introduzco a continuación motivos varios para una síntesis de la novela: retrato realista de un mundo académico postapocalíptico; personajes enamorados que contemplan la intromisión en sus vidas de un terzo incommodo pero piensan eso tan racional de que ser snob en el amor es abocarse a los celos; el relato épico de la vida y obra de Pleonasmo Chief, personaje a caballo entre el miles gloriosus del Viejo Mundo de la Literatura y el héroe trágico que se ve abocado y superado por sus orteguianas circunstancias; «creo que piensas mejor que follas»; anamorfosis constante de Madrid; etcétera. Para la introducción ya me vale, pienso, pero aún así añado entre paréntesis ciertos motes clave que me ayuden a caracterizar la novela como artefacto literario (realismo capitalista; David Foster Wallace; afirmaciones de Girard sobre el genio novelesco y, en consecuencia: García Madero, Oliveira, Bustrófedon; fragmentación, perspectivismo y metanarrativa; sátira; roman à clef).
            Podría abordar la crítica del libro desde un doble punto de vista, formal y ideológico, si es que la partición es posible y, aunque lo sea, la cuestión es entonces si tiene algún significado. Lo haré de todos modos. Quedará bien. Qué va a saber la gente de a pie, populacho y mediocridad, gente como Olmos, que aunque escriba bien no tiene dinero y, ergo, no sabe de "ismos" y teoría literaria y literatura comparada y cosas de gente rica y refinada. Además, etiquetaré bajo la entrada a Bajtín, Umberto Eco, Robert Jauss y quizá hasta a De Man. Qué van a saber. Esta si es La parte de los críticos.
            Crítica a la forma, subrayaré, y citaré a Jameson con eso del milenarismo invertido, así como también y principalmente la conexión fundamental que se da entre la estructura formal de un texto artístico y las condiciones socioeconómicas imperantes. Por lo tanto, a modo de primer corolario, añadiré algo acerca del perverso monstruo capitalista de fuerzas metamórficas y omniabarcantes. Afirmaré, quizá, que «aún siendo susceptible a la crítica inherente a todo marxismo (por refinado que éste sea) de mantener vivos los valores hegelianos y, consecuencia directa, Totalitarios, creo, iba diciendo, que un acercamiento jamesoniano a Fresy Cool podría ofrecernos ciertas claves interpretativas: la forma de la novela, dividida en dos grandes partes (la segunda, a su vez, subdividida en siete partes) es la fragmentación perspectiva y el juego metanarrativo. Y esto, se sabe, es propio de nuestro tiempo, es el drama de nuestro tiempo, han caído los grandes relatos, la tecnología ha invadido las letras, el modelo por excelencia es el pastiche, el arte ya no es autónomo: toda crítica es una forma de hagiografía. Además, al centrarse en la redacción de Fresy Cool Sh*t por parte del personaje protagonista, Pleonasmo Chief, la anquilosante distinción realidad/ficción se ve desdibujada y, como en Inland Empire -la última opera prima de Lynch- nos vemos vertiginosamente lanzados a un juego especular que pone entre paréntesis toda la tradición».
            Sólo me faltará apelar a las risas enlatadas de Inland Empire como metáfora del histrionismo de alguno de los personajes más infames y estrambóticos que aparecen. Si no fuera muy poppy o afterpop o tardoposmoderno pondría un "jájájá" al final de la frase. "Anquilosante distinción realidad/ficción", "poner entre paréntesis toda la tradición". Jájájá. Ya puestos, cito a Borges y su concepción de la realidad, diciendo algo así como «laberíntica realidad plasmada en una forma textual que obliga al lector a un trabajo icárico, con los riesgos que ello supone» y, claro está, a continuación vendría Baudrillard. Y Juan Francisco Ferré, para dar un aire cañí a la crítica.
[Aquí el autor. Quiero decir el autor de verdad, de carne y hueso. (nada de metempsicosis simulacrales o muerte del narrador en las estructuras). Burlas aparte: redactar la crítica a modo de falso comentario metacrítico no es una máscara para esconder que no tengo nada que decir. No es una forma de bluf crítico: la forma del comentario es un recurso metodológico para comentar un texto que -si no es apelando a una supuesta hiperconsciencia postfosterwallaceana de la ironía y el desencanto de la literatura para con la literatura, de una modernidad caníbal con síntomas más que evidentes de agotamiento- es difícil de describir más allá del divertimento, el tête-à-tête con el lector y la carnavalización desenfrenada. Lo hago explícito, así, como en un aparte explicativo de un blockbuster, pero en forma de Advertencia al Lector. Así de grande es mi confianza en Él.]
Sin solución de continuidad vamos ahora a por la crítica "ideológica". Dejar claro que no va de marxismos, ni de falsa consciencia de clase. Ahondar en cierta ambigüedad en la definición de lo que llamo ideológico en un libro. Empezar por una caracterización negativa: no son las ideas en tanto que motivos básicos, ni la moral o la moraleja del texto. Nada de eso. Me limitaré a una vaga descripción por analogía a través de Oakeshott, con tono casual y desenfadado, eso propiamente cool. Además, citar a Oakeshott es +2 puntos para mi caché intelectual. Hablar de Oakeshott es exotismo cultural. Tono casual, de lo más in, me repito: «Es más bien una sensibilidad, una pauta cultural a la que el libro se suscribe. No hay actos ideológicos, sino actos que se suscriben a prácticas ideológicas. Me doy cuenta que estoy transponiendo las ideas políticas de Oakeshott en una suerte de economía política del signo literario».
            Ahora he de conectarlo con Fresy cool: dominio harto conocido por parte de Antonio. J. Rodríguez de los estudios culturales sobre la posmodernidad, que le permiten adoptar cierta distancia crítica y autocrítica; la comparecencia constante de DFW bajo múltiples formas y referencias, directas e indirectas: afirmar que «la influencia de DFW se da en distintos niveles: no solamente por aparecer bajo distintos disfraces narrativos, para que los lectores se paren a modo de "guiño-guiño, codazo-codazo" y satisfagan su narcisista ego borgeano, pudiendo sentarse modo pensador a decir "la literatura como palimpsesto, te lo dije, el lenguaje es un sistema de citas", sino también, iba diciendo, su influencia es patente en la caracterización emocional de los personajes, que parecen recién salidos de Entrevistas breves con hombres repulsivos pero con acento de Madriz, estigmatizados además por la interiorización del discurso terapéutico como única técnica para relacionarse con sí mismos. La vida social es un trabajo, chicos -parecen decir. Y no sólo eso, pues Antonio J. Rodríguez tiene presente esa sentimentalidad Fox superproducida, ha leído a Fernández Porta y a su musa marroquí: hablamos aquí de capitalismo emocional, producción de subjetividad y consciencia esquizofrénica ante el bombardeo mediático de esta producción (el amor romántico es ya una utopía visual): ser un fraude es the whole equation, que diría Fitzgerald».
            Así, así. Conectado con David Foster Wallace, lo que se espera de un crítico informado y leído. Debería aludir más a los relatos "El neón de siempre" y "La niña del pelo raro", sacar a relucir esa frase clave y el tema de la Felicidad Como Autorrealización Personal®, pero ya hablo de Illouz y si no me detengo ahora se me van a acabar todos los temas para lucirme. De otro lado, aunque no aparezca en Fresy cool debería aludir, pienso, a mi rechazo a la interpretación "superyoica" de la narrativa breve de DFW que Antonio J. Rodríguez propone en algún lugar. Quizá por un prurito académico, quizá por las connotaciones del término: «la intuición es buena, pero el término se refiere más bien a una interiorización normativa de unos valores (totémicos, digámoslo así) que son fuente de represión. No es una cuestión de consciencia atrapada, de una instintividad que no puede emerger. Más bien hablaríamos de autointerpretación, de hermenéutica terapéutica: no es la ley paterna, los incontestables valores de la tradición, aquello que encierra a los personajes en un bucle, sino la interiorización del mismo discurso psicoanalítico, de lo autoayudesco que va de Maslow a la psicología New Age y su sentido holístico, la sobreexposición del sujeto al ideal del éxito social y a la cultura del esfuerzo..» pero desarrollar tal crítica en ese contexto sería un acto de vanidad, comportarse como un pavo real y no estamos aquí para eso, ¿verdad que no?
            CONCLUSIÓN escribo en mayúsculas y negrita. Apartado final, balance. Me doy cuenta de que faltan juicios de valor, pues he tratado de desgranar ciertos elementos de la novela y he acabado en un acto onanista, sin criticar propiamente la novela. En cuanto a la forma de ésta, apunto, la primera parte es caótica y provoca una pérdida constante del lector, a causa de los cambios de punto de vista, la aparición y desaparición de personajes y espacios/tiempos narrativos, etcétera. Es la parte en que el juego metanarrativo es más claro, alusiones al supuesto autor empírico a.k.a Ibrahím Berlin, que para un lector que desconozca los avatares autobiográficos de la novela va a ser indescifrable. Reflexiono acerca de si el texto es realmente autónomo de su contexto de recepción, y creo que no. Anoto que «eso no es bueno». La segunda parte es más ortodoxa, aunque la concatenación de historias y la proliferación de dramatis personae que las más de las veces -como lectores- nos importan bien poco, la hace quizá menos interesante, con menos fuerza. Apunto, para preguntarme públicamente, si el capítulo "Homo Academicus" es una parodia de El comienzo de la primavera de Patricio Pron.
            «Sin embargo», empezaré (pues las adversativas siempre quedan bien, dan consistencia y son prueba empírica de la mente tortuosa e intricada de quien la enuncia), «lo mejor de Fresy Cool reside en lo que hemos llamado "ideología". Lejos de tomarse seriamente eso de Escribir, no toma posición histórica y abandona de este modo toda pretensión de superar o celebrar al Padre, y se mantiene siempre en el divertimento, en la recreación de su protagonista y sus allegados, Pleonasmo Chief, suerte de genio romántico que, como Antonio J. Rodríguez -y basta de apelar al autobiografismo- acusa el doble proceso de reconocer el legado literario sobre el cual asienta su poética (hace explícito el carácter mimético) a la vez que, secretamente, ocultamente, quizá, busca la originalidad romántica, la espontaneidad».
            Aquí es donde se debe citar a Girard con eso de que el genio novelesco se erige sobre actitudes románticas, y enumero a Bolaño (el desplazamiento de la búsqueda poética de Belano y Lima a la narración de García Madero), a Cortázar (y su entrañable y erudito Oliveira) y finalmente a Cabrera Infante (y la fragmentación de Tres tristes tigres, el juego que es su narración, los personajes ausentes, así como la acusada primacía lingüística en la obra). Nota al pie: entroncar Fresy cool en la tradición de Cabrera Infante y Cortázar se debe a la preponderancia del juego y la actitud satírica frente al romanticismo exacerbado de sus personajes.
            Finalmente, suma simple, aludir al título de la reseña y retomar la metáfora que es este mismo comentario y al que el título da la calve interpretativa: «Fresy cool no nos importa, como no nos importa Pleonasmo Chief. Lo mismo nos da que Pleo trabajara en un astillero. "Críticas y no obras", que dirían en Heidegger TV. De lo que se trata es de lo que pone en juego el texto, de poder decir que la escritura libérrima, o el ejercicio cervantino del que muchos de mis contemporáneos se jactan de emplear como reacción arriesgada frente a las fórmulas de bestsellers no vale nada, pero que tampoco sirve la parodia porque cuando uno habla de parodiar está blindándose contra cualquier mordisco a destiempo. Porque hablar de carnavalizaciones es protegerse con un chaleco antibalas. Se trata de dinamitar el rollo: hacer lo que se dice y lo contrario, usar la ironía posmoderna mientras se denigra de ésta, la sátira como género estructural.». Sentencio: «Fresy cool como el hermano bastardo e infame de El acercamiento Almotásim».

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